
No sabemos hasta hoy si la pandemia por el covid ha sido provocada, o ha sido obra de la naturaleza. En todo caso dicha pandemia ha demostrado la absoluta fragilidad de los seres humanos, ante una enfermedad mortal invisible que puede nomás exterminarnos de la noche a la mañana. Varios autores en el mundo especularon que la pandemia fue provocada, ante el avance de reclamos mundiales por la situación social y económica, pues la crisis mundial es evidente.
Hoy el mundo cruje por todos lados, con guerras interminables, dictaduras de todas las ideologías, desestructuración institucional por todo el mundo y auge de las mentalidades totalitarias, que se creían ya eran parte de la historia. La sensación mundial de inseguridad es patente. Definitivamente nos encontramos en un momento caótico, donde la confusión es total y la ausencia de alternativas políticas como ideológicas, son evidentes.
La historia nos ha mostrado que la humanidad ya ha pasado por eventos similares, y la humanidad apelando a su experiencia y sabiduría logró salir de esos eventos terribles. Quizás la segunda guerra mundial sea el ejemplo moderno, más cercano, para acudir a una época parecida a la coyuntura actual. Si bien no hemos tenido una tercera guerra mundial, la acumulación de desastres a lo largo del mundo hacen la sumatoria total, donde las injusticias son el pan de cada día como el genocidio de Gaza, o las distintas guerras en África. Además de los acontecimientos por el norte del mundo, por demás preocupantes y completamente inhumanos.
El corolario de estos acontecimientos es el cambio climático. Sus efectos brutales como sequías en regiones de Irán, o lluvias violentas que provocan muertes y destrucción masivas, nos sellan en el rostro los graves desajustes del clima por obra y gracia del hombre, y sus sistemas económicos destructivos.
Escenarios preocupantes. Escenarios que desafían otra vez a la inteligencia y sabiduría humana, sobre todo a las consciencias de bien, que solo tenemos una casa común: la tierra. Casa común que tenemos que cuidar conjuntamente; pero hay grupos de poder impunes, violentos y sangrientos, antihumanos, absolutamente destructivos que no tienen consciencia alguna para pensar colectivamente. Mentes enfermas e individualistas, que arrastran percepciones antihumanas desde hace varios siglos.
Todas las épocas tienen sus propios desafíos. Si eso es así, pues ya tienen que gestarse las Utopías de estos tiempos. Los fracasos abundan. Los cementerios ideológicos y políticos tienen en sus haberes millones de muertes y sacrificios humanos sin sentido alguno. En general pobres y humildes, que son los que pagan las consecuencias de las irresponsabilidades caudillistas. Sacrificados en nombre de cambios que al final sólo han sido impunidades individualistas, egoístas y enfermizas.
Las generaciones del fracaso rotundo y absoluto, deben dar lugar a las nuevas generaciones. Generaciones fracasadas e inútiles y culpables de todo lo malo que sucede por el mundo. Generaciones viejas que ni siquiera con ayuda de la inteligencia artificial pueden hacer algo bueno. Generaciones de la nostalgia inútil junto a sus élites irresponsables.
Ojalá broten nuevos líderes del estiércol de las viejas generaciones. No caudillos estúpidos y corruptos. Líderes necesarios para volver a equilibrar al mundo, para dar lugar a consensos e intercambio de ideas entre todas las regiones del mundo. Líderes que contemplen las enormes complejidades de nuestra casa común, donde es urgente pensar desde las necesidades de la naturaleza, desde las necesidades de miles de millones de seres humanos marginados en nombre del progreso y desarrollo. Marginados por mentalidades viejas y obsoletas del sistema individualista, consumista y depredador.
Ciertamente es urgente las generaciones de nuevas ideas, de nuevos derroteros y Utopías que nos den certidumbre y sentido en la existencia humana. Incluso en las religiones es urgente nuevas percepciones y perspectivas, ante todo lo anterior que a nombre de milenario ya no tiene contenidos humanos que sean mensajes actuales.
Los desafíos en el cuidado de la naturaleza son el escenario más importante. Porque es el escenario donde hay que hacer retroceder al sistema depredador, individualista, consumista y de acumulación al infinito. Las excusas son muchas para mantener este sistema destructivo. Pero también pensar en los instrumentos de la inteligencia artificial, que por el tercer mundo pueden ser cruciales para resolver problemas complejos de nuestras realidades, pues las ciencias siguen siendo elitistas e ideológicamente parte del sistema.
Sin ética y moral no existe liderazgo alguno. Son esenciales cuando se trata de valores humanos en función de los demás. Tenemos ya experiencia sangrienta al respecto. Recuperar lo ético en las prácticas políticas son desafíos importantes. En la coyuntura mundial vemos que la ausencia de ética en la política, es simplemente sangriento e impune.
En definitiva, ya es urgente que las nuevas Utopías broten por todos lados. Es insoportable seguir asistiendo a los fracasos actuales por todo el mundo. La frivolidad de la política es cavernariamente dañina, con sus ignorancias a cuestas. Sin Utopías no hay sueños. Y sin sueños no hay construcciones humanas y justicia social.
por: Max Murillo Mendoza
Publicado por: La Voz de Tarija
Fuente de esta noticia: https://lavozdetarija.com/2026/01/02/utopias-y-suenos-en-el-siglo-xxi/
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