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El peso colombiano cerró 2025 con un desempeño que lo posicionó como la moneda más apreciada de América Latina y una de las más sólidas entre los mercados emergentes a nivel global, al registrar una valorización del 14,6 % frente al dólar estadounidense. Este comportamiento no solo superó al de sus pares regionales, sino que llamó la atención de analistas e inversionistas internacionales, ya que únicamente el forinto húngaro logró una ganancia superior dentro del mismo grupo de economías. El movimiento del tipo de cambio fue contundente: el dólar pasó de cotizarse alrededor de los $4.415 al inicio del año a niveles cercanos a los $3.780 al cierre, una fortaleza cambiaria que no se observaba desde 2022 y que marcó un punto de inflexión para la moneda colombiana.
La apreciación del peso se dio en un contexto global marcado por una menor fortaleza del dólar, producto de ajustes en la política monetaria internacional y de un entorno financiero que favoreció a las divisas de mercados emergentes con fundamentos relativamente estables. A ello se sumaron las expectativas en torno a la trayectoria de las tasas de interés, tanto en Estados Unidos como en Colombia, así como una dinámica económica interna que, pese a los desafíos fiscales y a la cautela de los mercados, mostró señales de resiliencia. Estos factores, combinados, generaron un flujo de capitales que respaldó el fortalecimiento del peso y redujo la presión cambiaria que había predominado en años anteriores.
Si bien otras monedas de la región también cerraron el año con avances frente al dólar —entre ellas el peso mexicano, el real brasileño, el sol peruano y el peso chileno—, ninguna logró replicar la magnitud del desempeño colombiano. En comparación regional, el peso se destacó por su capacidad para absorber la volatilidad externa y mantener una trayectoria de recuperación sostenida, lo que reforzó la percepción de estabilidad relativa en medio de un entorno internacional aún incierto.
El resultado de 2025 no solo tiene implicaciones financieras, sino también económicas, al reflejar una mayor capacidad para preservar el poder adquisitivo de la moneda y moderar presiones inflacionarias asociadas al tipo de cambio. En un escenario global caracterizado por tensiones geopolíticas, ajustes monetarios y cambios en los flujos de inversión, el comportamiento del peso colombiano se convirtió en un referente regional y en una señal de confianza para los mercados.
Este desempeño confirma que, más allá de los retos estructurales y fiscales que enfrenta el país, la moneda colombiana logró cerrar el año con una fortaleza notable, consolidándose como una de las divisas más relevantes y observadas de América Latina en el escenario económico internacional.
carloscastaneda@presamercosur.org
