
LA DISCRIMINACIÓN INVISIBLE QUE NOS ALCANZA A TODAS LAS EDADES.
El edadismo es una forma de discriminación basada en la edad, que afecta tanto a jóvenes como a adultos mayores. Es silencioso, cotidiano y a menudo normalizado. Se expresa en miradas, comentarios, estereotipos, oportunidades negadas y creencias que limitan el valor de una persona simplemente por los años que tiene.
Aunque suele asociarse a los adultos mayores, también impacta a quienes son considerados “muy jóvenes” para ciertos roles, decisiones o responsabilidades. Es, en esencia, una violencia simbólica que reduce a la persona a un número y no a su potencial.
El edadismo es el conjunto de prejuicios, estereotipos y prácticas discriminatorias basadas exclusivamente en la edad de una persona.
Puede expresarse en:
- Frases como “ya estás muy viejo para eso” o “estás muy joven para opinar”.
- Negación de oportunidades laborales.
- Infantilización del adulto mayor.
- Exclusión social sutil o burda.
- Invisibilización de capacidades, talentos y deseos.
El edadismo limita, etiqueta y también hiere, porque niega la evolución natural de la vida y del cuerpo, como si envejecer fuera una falla y no un proceso natural y valioso.
Causas del edadismo.
- a) Miedo social a la vejez y a la muerte: En culturas donde la juventud se idealiza, envejecer se convierte en una amenaza simbólica. Se teme perder belleza, productividad, salud o relevancia social.
- b) Modelos culturales centrados en la apariencia: La industria del entretenimiento, la publicidad y las redes sociales promueven estándares que sobrevaloran lo “joven”, generando presión y rechazo hacia lo que se percibe como “signos de edad”.
- c) Creencias heredadas: Frases como “la juventud es la época más valiosa” o “los mayores ya no sirven para aprender nuevas cosas” reproducen prejuicios intergeneracionales.
- d) Desconocimiento del ciclo vital: Cuando no se entiende que cada etapa tiene su propósito, se confunde edad con incapacidad.
- e) Estructuras laborales desactualizadas: Muchas empresas siguen asumiendo que los jóvenes son “más rápidos” y los mayores “menos adaptables”, perpetuando un sistema inequitativo.
Consecuencias del edadismo.
- a) Pérdida de autoestima y autoimagen: Quien recibe comentarios o miradas discriminatorias comienza a dudar de su propio valor, de sus capacidades e incluso de su belleza.
- b) Aislamiento social: Muchos adultos mayores reducen su participación en actividades por temor a “estorbar”, “no encajar” o ser vistos como menos capaces.
- c) Afectación de la salud mental: Puede generar ansiedad, depresión, inseguridad, sensación de inutilidad y rechazo hacia el propio cuerpo.
- d) Limitación de oportunidades laborales y educativas: Personas con amplia experiencia quedan fuera de procesos, mientras jóvenes preparados son descartados por “falta de edad”, creando barreras en ambas direcciones.
- e) Invisibilización del aporte intergeneracional: El edadismo rompe puentes entre generaciones que podrían aprender profundamente unas de otras.
Medidas de afrontamiento.
- a) Reivindicar la propia historia y amor propio: Honrar cada año vivido, cada proceso, cada cicatriz y cada aprendizaje. La edad no resta valor: lo multiplica.
- b) Desafiar activamente los estereotipos: Inscribirse en cursos, emprender, aprender tecnología, hacer ejercicio, bailar, viajar, estudiar. La experiencia es un superpoder.
- c) Rodearse de personas que valoren la esencia, no la edad: Los vínculos sanos ven el alma, no la cifra.
- d) Promover conversaciones familiares e institucionales: Hablar del edadismo, reconocerlo y frenarlo desde el respeto.
- e) Cuidar el cuerpo desde la gratitud, no desde la vergüenza: La piel cambia, pero sigue acompañando. El cuerpo evoluciona, pero sigue siendo hogar.
- f) Practicar el autocuidado emocional: Terapia, lectura, espiritualidad, escritura, grupos de apoyo. La mente necesita espacios seguros.
- g) Ser ejemplo para otras generaciones: Mostrar que la plenitud, la belleza y la vitalidad se pueden vivir a los 20, a los 40, a los 55… y más allá.
El edadismo no solo discrimina: nos empobrece como humanidad.
Nos roba la posibilidad de aprender de quienes han vivido más, y de admirar la fuerza de quienes apenas empiezan.
Nos obliga a ocultar arrugas, silencios, historias y sueños, como si el paso del tiempo fuera una vergüenza.
Pero la verdad es otra:
Envejecer es un privilegio.
Cumplir años es una victoria.
Y vivir en plenitud a cualquier edad es un acto de valentía.
Cuando entendemos que cada etapa de la vida tiene una luz única, dejamos de luchar contra el tiempo… y comenzamos a caminar con él.
Porque la belleza no está en los años que pasan, sino en la forma en que los habitamos.
«Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años en que digas: No tengo en ellos contentamiento» Eclesiastés 12:1 (RVR1960)
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