La repercusión del ataque de Roberto Jefferson dentro del bolsonarismo extremista deja claro que, hoy, han tirado la toalla y aceptado que perderán las elecciones. Con la derrota en el proyecto de ley viene el extremismo con el que hemos sido tan amenazados. La escena está creada, y será encima de eso que bailarán sobre los escombros del Gobierno.
Lo que mucha gente temía pudo haber comenzado materialmente hoy: una resistencia liderada por políticos oportunistas, militares traidores a la patria, evangélicos anticristo y todo tipo de sinvergüenzas con miras a no pasarle la faja al próximo presidente. Desde hoy hasta el próximo domingo, cada motín no solo será bienvenido sino también querido y alentado.
En las redes, uno de los cabecillas del caos acaba de decir que «Bolsonaro está mandando al Ejército a proteger a Roberto Jefferson». Verdad o mentira, no importa. El objetivo es descubrir el porcentaje de personas dispuestas a incendiar el país.
No tenemos forma de saber adónde conducirá esto. Se suponía que el 7 de septiembre del año pasado iba a ser un golpe de estado, y simplemente no sucedió porque, al final, no sucedió. No podemos descartar que por falta de voluntad no lo fuera. Y ahora, ¿qué pasa a partir de hoy?
Porque mirá esto: este ataque no sirve para ganar votos de los indecisos, ni para que la gente que no votó en la primera vuelta vaya a votar ahora. Sirve SOLAMENTE para mantener la cohesión en la base y enardecer a los extremistas.
Hay un contingente de personas que sueñan todos los días con una guerra civil. Gente “común” que se ha armado en los últimos años y que vive en el multiverso del bolsonarismo, impenetrable a la realidad, presa fácil del universo paralelo creado por la extrema derecha global.
Estas personas necesitan EJEMPLOS para cargar sus cartuchos. Muchos de ellos tienen algo que perder (familia, trabajo, empresas, dinero). Por lo tanto, el PROPÓSITO tiene que ser más valioso que el regalo. El ataque de hoy tiene ese objetivo.
No nos engañemos y pensemos que esto es una cortina de humo. Si todo sale mal, bueno, no estará de más haber estado en las noticias durante 24 horas en lugar de que Bolsonaro tenga que responder por su pedofilia o su recorte salarial. Pero no se trata realmente de eso.
El ataque es parte de un plan mayor. Sin fuerzas y sin hombres para hacer como hizo Mussolini, su Marcha sobre Roma (que, por cierto, esta semana cumple 100 años), Bolsonaro, civiles y militares necesitan «voluntarios» entre la población, gente dispuesta a matar o morir. Lo intentaron el 7 de septiembre y lo están intentando de nuevo.
Vivimos el momento más peligroso y trágico de nuestra República posdictadura. Brasil es un país acostumbrado a la violencia, siempre estamos esperando un muerto o una tragedia mayor. No se equivoquen, los tiempos han cambiado: esta tragedia ya sucedió y está en pleno apogeo.
Buena suerte.
Necesitaremos.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
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