
Se reúnen en departamentos, muestran sus rostros, escriben y gritan consignas. Todo esto lo graban y publican para que el mundo presione a los talibanes.
Primero protestaron en las calles de Kabul, donde fueron golpeadas y arrestadas por los talibanes; pero lejos de rendirse, un grupo de feministas afganas por los derechos de las mujeres continúan ahora sus manifestaciones en la clandestinidad.
Alrededor de una veintena se reunió hace unos días en un pequeño piso bajo en un barrio de la capital. Primero se esmeraron en ocultar cualquier signo del lugar que pudiera identificarse y después comenzaron a escribir en folios sus lemas reivindicativos; unos pocos en inglés «¿No somos humanas?», la mayoría en dari.
Al frente de la protesta estuvo Zahra Mohammadi, que cedió el espacio, bloqueando la puerta ante cualquier visita inesperada.
Al principio «protestamos en la calle, alzamos la voz, gritamos por la libertad de las mujeres, pedimos justicia (…) pero fuimos reprimidas y rodeadas por las tropas Badree -las fuerzas especiales de los talibanes- que arrestaron a algunas de nuestras compañeras y rompieron nuestros teléfonos. Después de eso, cambiamos nuestra estrategia y comenzamos a protestar en interiores», explica a Efe.
Sus reivindicaciones están claras: quieren recuperar los derechos que habían logrado en los últimos 20 años desde la caída en 2001 del anterior régimen fundamentalista, con aspectos básicos como que los talibanes les permitan ir libremente a trabajar o continuar sus estudios, después de que al reabrir las escuelas a mediados de septiembre solo permitieran el regreso a las niñas de primaria.
«No somos las mujeres de hace 20 años, que se sentaban en casa (como les obligaba) el régimen talibán anterior», advierte Mohammadi. Entonces una mujer solo podía salir de la vivienda acompañada por un hombre de la familia y eran relegadas a las labores del hogar, sin poder realizar otros trabajos.

Un movimiento espontáneo
El rostro más conocido de esta última protesta es el de Deeba Farhamand, fundadora y directora ejecutiva de una ONG local que presta asistencia a niños huérfanos y viudas, y que remarca a Efe que son parte de un movimiento espontáneo sin ansias políticas que se manifiesta por sus derechos desde el pasado 2 de septiembre, bajo el nombre de Grupo de Unidad y Solidaridad de Mujeres Afganas.
Se trata de su séptima protesta a puerta cerrada, algo que hacen «con cautela», ya que, asegura, algunas de sus compañeras ha sido asesinadas y muchas reciben «llamadas amenazantes, mensajes de números desconocidos en los que nos amenazan, a veces nos piden nuestras direcciones haciéndose pasar por medios de comunicación».
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