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Turismo

Octubre dorado en la isla griega de Santorini

Con los 25 grados del mediodía se busca la sombra y cuando el sol se hunde en el mar Egeo basta un jersey ligero para combatir el frescor de la noche. Estamos a principios de octubre y en Santorini se tiene la sensación de que el verano no acaba nunca.

Pero la temporada ya casi ha terminado. Ahora que los turistas pasean en un número agradablemente dosificado entre las casas blancas de esta conocida isla del archipiélago de las Cícladas es cuando quizá resulta más bonita.

Santorini es un símbolo de la ligereza mediterránea, que aquí, en vista de los precios, a menudo solo se pueden obtener de forma relativamente exclusiva. Pero también de romanticismo. De hecho, el decorado de la isla es tan pintoresco que parece que se hubiera diseñado para una pintura cursi. Una promesa para todos aquellos que se aman y además necesitan las fotografías adecuadas que Santorini proporciona.

La localidad principal, Thira, se encuentra situada al borde de un acantilado de 300 metros de altura. Las casas se colocaron directamente sobre las rocas como joyas en una corona. A la luz del mediodía resplandecen tanto que los ojos duelen. Pero la famosa puesta de sol las sumerge en una suave luz.

Oia, en el norte, resulta más encantadora que Thira, también conocida como Fira. Aquí se encuentra el mejor mirador: las ruinas del castillo veneciano de Argyri. Al anochecer cientos de personas aguardan en este punto la hora dorada, y todo ello no es gratis.

Quien quiera disfrutar de la gran puesta en escena de la naturaleza de manera privada debe rascarse un poco más el bolsillo. Una habitación en un hotel boutique o un apartamento con vistas a la caldera fácilmente supera los 300 euros por noche. En realidad, Santorini es un destino para gente con dinero, con mucho dinero.

A la clase alta de Japón, China y Corea le encanta visitar la isla griega durante un viaje por Europa. En las callejuelas de Thira y Oia hay sobre todo restaurantes con cartas en seis idiomas, tiendas y joyerías. ¿Una sencilla chaqueta negra de cuero por 1.200 euros? Para muchos turistas es un souvenir normal.

Tranquiliza saber que también se puede disfrutar de Santorini con un sueldo estándar. Para ello lo mejor es elegir una vienda vacacional apartada de los lugares principales. De todos modos, las cosas más bonitas de la isla son gratuitas. Por ejemplo, hacer una excursión al atardecer a lo largo del cráter de Oia hasta Thira o bañarse en la playa negra de Perissa, en la que la temperatura del agua en octubre todavía es de 22 grados.

Sobre los relucientes caminos y frente a pequeñas balaustradas los turistas, casi eufóricos, intentan colocarse unos a otros en la luz adecuada, como si no pudieran creer que forman parte de este decorado. La puesta en escena es un trabajo duro.

En los locales el café se queda tibio mientras se pone bien la taza para poder realizar la foto perfecta que subir a Instragram. Facilitaría mucho las cosas si los puntos para hacerse los mejores selfies estuvieran señalizados en el suelo, junto con algunos consejos fotográficos.

Muchos veraneantes solo se acercan brevemente a la isla para tomar un refresco y la foto perfecta. Algunos días de verano unos 70.000 turistas abarrotan las callejuelas. Pero en octubre la gran afluencia de visitantes ha pasado. Las aerolíneas suspenden sus vuelos chárter hasta la próxima primavera y tiendas y restaurantes echan el cierre.

¿Entonces viene alguien realmente? La dueña de una tienda en Oia responde de manera políticamente incorrecta levantando sus gafas de sol y estirando sus ojos con los dedos: asiáticos.

No les gusta el sol y tampoco se bañan en el mar. Es obvio que, realmente, en invierno hay mejores destinos de viaje. Al fin y al cabo, el verano en Santorini es lo suficientemente largo.

Información básica: Santorini

Destino: El archipiélago de Santorini se encuentra en el sur del mar Egeo y pertenece a las Cícladas. La caldera abarca, además de la isla principal Thira, las islas Thirasia y Aspronisi.

Clima y época para viajar: A comienzos de octubre las temperaturas todavía son veraniegas, al anochecer bajan de 20 grados. El mar se encuentra entre 21 y 22 grados.

Cómo llegar: En octubre ya no hay vuelos chárter, pero existen numerosos vuelos con conexión.

Alojamiento: Santorini ofrece hoteles resort, pequeñas villas-boutique, viviendas de vacaciones y apartamentos a través de Airbnb. Alojarse con vistas a la caldera cuesta entre 300 y 500 euros por noche. En el interior se encuentran opciones por 100 a 150 euros cada noche.

Informaciones: Marketing Greece, Voukourestiou 20, 10671 Atenas (Tel.: 0030/210/364 90 84, E-Mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. www.discovergreece.com).

ABC Color
Foto: DPA

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Egipto: Reabre el Museo de Rommel en el desierto

Para relanzar el turismo en crisis, Egipto no apunta solo a un mar multicolor y faraones, sino también a un persona que ha forjado su propia fama en el desierto costero: el general Erwin Rommel.

El “Rommel Cave Museum” muestra uniformes, fotos personales del general nazi, planes de batalla y una colección de armas. / EFEAMPLIAR

Apenas ha reabierto, después de siete años de restauraciones obstaculizadas por las dos revoluciones que conmocionaron desde el 2011 al país, el “Museo de la Gruta de Rommel”, la muestra permanente levantada en los restos de su cuartel general en Marsa Matruh, en la costa mediterránea.

El “Rommel Cave Museum” muestra, entre otras cosas, uniformes, fotos personales del general nazi, planes de batalla y una colección de armas.

El primer impacto para los visitantes es causado por un teléfono de campo, una bandera nazi y un mapa de Tobruk, la ciudad libia reconquistada por el "Wstenfuchs", el "zorro del desierto", probablemente el máximo estratega de la Segunda Guerra Mundial.

La de Marsa Matruth, situada a unos 280 km al oeste de Alejandría, es una gruta natural con forma de arco y la idea de transformarla en un museo turístico se remonta a 1977. La apertura ocurrió en 1988 y los trabajos de restauración iniciados en el 2010 se interrumpieron por la tumultuosa caída del rais Hosni Mubarak que provocó repercusiones que solo se han calmado en los últimos tiempos.

El director del Museo, Mohamed el-Sharkawy, pero también el ministerio de las Antigüedades, subrayaron la importancia del sitio para proveer atractivos turísticos a quienes vacacionan en el mar sobre las blancas arenas de Marsa Matruh.

"El museo incrementará el turismo", dijo Sharkawy al sito Al Monitor. La inauguración oficial, el 25 de agosto, fue hecha en el verano boreal para que los turistas puedan visitarlo, señaló un comunicado del ministro de Antigüedades, Khaled Al-Anani.

El museo está levantado en su cuartel general, en una gruta natural. 
 
Rommel, que fue obligado a suicidarse a causa de su pasivo involucramiento en el intento de asesinato de Adolf Hitler orquestado por la Operación Valchiria, instaló su cuartel general en la gruta cuando las tropas alemanas entraron en El-Alamein, el teatro de las dos batallas en la cual fue derrotado en noviembre de 1942.

El turismo egipcio, plagado de turbulencias desde la Primavera árabe y el terrorismo islámico, ha visto incrementado el número de visitantes extranjeros por primera vez en 19 meses solo en diciembre pasado, según datos de la Oficina de estadística nacional.

Y los turistas más numerosos, unos 227.000 este año, fueron los compatriotas de Rommel.

ANSA - ABC Color
Foto: EFE

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Un tour en bicicleta por el sur de África

HOBAS. La belleza árida de la región fronteriza entre Namibia y Sudáfrica no se puede apreciar a primera vista pero seguramente sí durante un tour en bicicleta de seis días con luna llena.

Las cifras que Pieter van Wyk enumera rápidamente con el cañón del Fish River como fondo son increíbles. Hace 2.000 millones de años, erupciones volcánicas crearon las montañas que todavía se alzan aquí en el horizonte, en el suroeste de Namibia. Con el tiempo, la erosión fue formando el cañón, de hasta 550 metros de profundidad.

Ya por la mañana, el sol brilla sin piedad sobre el árido desierto rocoso. Solo algunos arbustos con hojas muy pequeñas y muy duras se resisten a la sequía. El paisaje forma parte de un parque nacional con el voluminoso nombre de ǀAi-ǀAis-Richtersveld Transfrontier Park.

La singularidad de la región apenas se puede descubrir durante una breve visita en coche o autobús. Por esto, hay una variante más lenta llamada Desert Knights, un tour en bicicleta desde el sur de Namibia por el río fronterizo Orange hacia el norte de Sudáfrica. Dos veces al año, en abril y septiembre, cuando las temperaturas son más o menos soportables, hasta 100 aventureros modernos atraviesan en bicicleta el silencio casi tenebroso del desierto, cada uno a su ritmo. "La idea fue conjuntar en un tour las principales atracciones turísticas del Transfrontier Park", explica el inventor del tour, Roland Vorwerk, gerente de marketing de la agencia Boundless Southern Africa.

Sin embargo, ya no se trata solo de visitar lugares emblemáticos como el cañón de Fish River o bañarse en las calientes aguas termales de ǀAi-ǀAis. Más bien, el objetivo del tour de 300 kilómetros, 20 de ellos en canoa por el río Orange, es el propio camino. Después de hacer ejercicios de calentamiento en bicicleta durante la primera jornada, la etapa de la tarde siguiente va de Hobas, cerca del cañón, a ǀAi-ǀAis, nombre que significa "caliente como el fuego" en la lengua de los nama y que alude a las aguas termales, que tienen una temperatura de 65 grados. La sensación térmica no es mucho menor a última hora de la tarde en el camino sin asfaltar que atraviesa la vastedad ondulada del paisaje al sur de Hobas. Un despiadado viento en contra, sequísimo, incluso hace que el sudor corra cuando el camino va ligeramente cuesta abajo.

En el oeste, rayos de sol de color rojo violeta atraviesan las nubes. Por lo demás, reina la calma, durante 68 kilómetros, solo interrumpida por tres estaciones de servicio donde los ciclistas se abastecen de agua y de energía en forma de dátiles, galletas y biltong, una carne seca omnipresente en Namibia y Sudáfrica. Cuando atravesamos la granja abandonada Kanabeam, la presencia de arena profunda en la rodera de un jeep desespera a los ciclistas. Una pareja estadounidense compró en el pasado la granja con la esperanza de explotar un yacimiento de zinc en el lugar. Sin embargo, los primeros hallazgos habían sido fingidos. Como únicos testigos de las frustradas expectativas de un "boom" del zinc todavía sobresalen del suelo arenoso equipos mineros oxidados y la vegetación, en gran parte intacta, del desierto. Aun así, los ecosistemas del parque nacional están amenazados. En el fondo del Orange, el único río en la región que durante todo el año lleva agua, pululan caracoles exóticos cuyos antepasados probablemente fueran tirados río arriba por dueños de acuarios. Además, la delgada franja verde en las orillas se resiente del sobrepastoreo de las cabras de la población local.

En el parque, los árboles de los pastores, tan característicos para toda África, pueden alcanzar fácilmente una edad de 1.500 años. Aquí es posible encontrarse con Pieter van Wyk en uno de sus paseos botánicos matutinos. Sin embargo, de la superficie original de 2.000 kilómetros cuadrados de bosques semihumedecidos solo se ha conservado una décima parte.

Más lejos de la orilla del río, la situación tampoco es mejor. Como consecuencia de una sequía que ya dura cuatro años, el 40 por ciento de las plantas en el parque han muerto. Entre los árboles de aljaba, especialmente, la muerte ha sido masiva. Tampoco Van Wyk conoce la causa, porque en realidad los períodos prolongados de sequía son normales en la región. "Seguramente tiene que ver con el cambio climático", dice el botánico. Después de un largo viaje con luna llena por senderos angostos y pedregosos, finalmente llegamos al final del tour de seis días en bicicleta en el paso fronterizo de Sendelingsdrift, donde nos espera un vino caliente con especias. Ratmond Siebrits, uno de los participantes en el tour, originario de Ciudad del Cabo, resume la extraordinaria experiencia: "Es la oportunidad de meditar en uno de los paisajes más grandiosos del mundo".

Información básica: El tour en bicicleta Desert Knights

Cómo llegar: El tour comienza en Hobas. El aeropuerto más cercano es Upington, en el norte de Sudáfrica, situado a una distancia de 400 kilómetros. Los vuelos hacia la pequeña ciudad de Hobas son bastante caros. Además, las empresas de alquiler de coches generalmente cobran una tasa transfronteriza para viajes a Namibia. Por esto, es más económico comenzar el viaje en Windhuk, la capital de Namibia, situada a una distancia de 650 kilómetros. A Hobas solo se puede llegar en coche de alquiler.

Costes: El tour completo con comidas y alojamiento en tiendas de campaña cuesta 15.000 rand (unos 1.100 euros o 1.300 dólares) por persona. En Namibia se puede pagar con el rand de Sudáfrica y con el dólar namibiano, cuya cotización está vinculada al rand. En Sudáfrica solo se acepta el rand. La moneda nacional de los dos países se puede sacar en los cajeros automáticos de todas las ciudades pero no en los campamentos del parque.

Por DPA
Foto: DPA

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La fórmula de Australia y Canadá para tener las mejores ciudades para vivir del mundo

Las ciudades más habitables del mundo (IStock)

Las ciudades más habitables del mundo (IStock)

Entre ambos países albergan a seis de las siete metrópolis que encabezan el ranking de calidad de vida que acaba de publicar The Economist. Las razones para un nivel de bienestar envidiado por el resto de las naciones

Melbourne, Australia, es la ciudad más habitable del mundo, según The Global Liveability Report 2017 (Informe Global de Habitabilidad), elaborado por The Economist Intelligence Unit (EIU), el centro de investigaciones de la centenaria revista económica británica. En segundo lugar está Viena, la capital de Austria, seguida de Vancouver, Canadá. Completan el ranking —que incluye a 140 ciudades de distintas partes del planeta— Toronto (Canadá), Calgary (Canadá), Adelaida (Australia), Perth (Australia), Auckland (Nueva Zelanda), Helsinki (Finlandia) y Hamburgo (Alemania).

EIU considera que una metrópolis es más habitable cuanto mejores son las condiciones generales de vida que ofrece a sus habitantes. Para medir eso elabora un índice que va de 0 (completamente inhabitable) a 100 (el ideal), a partir de 30 indicadores cualitativos y cuantitativos, que se agrupan en cinco grandes categorías: estabilidad (incluye criminalidad y conflictividad social), salud (accesibilidad y calidad de la prestación pública y privada), cultura y ambiente (por un lado, disponibilidad de actividades recreativas culturales y deportivas; por otro, niveles de corrupción y censura), educación (accesibilidad y calidad de la prestación pública y privada) e infraestructura (transporte público, calles y caminos, energía y telecomunicaciones).

No sorprende a nadie cuál es la ciudad que está más cerca de la inhabitabilidad: Damasco, Siria. Si no hay otra urbe de este país que desde hace años está desgarrado por la guerra es sólo porque ni siquiera llega a reunir las condiciones mínimas para entrar en la medición. No muy lejos están Lagos (Nigeria), Trípoli (Libia), Daca (Bangladesh), Puerto Moresby (Papúa Nueva Guinea), Karachi (Pakistán), Argel (Argelia), Harare (Zimbabue), Duala (Camerún) y Kiev (Ucrania). Todas tienen en común la alta peligrosidad —ya sea por los conflictos políticos o por el delito—, servicios públicos deplorables y una infraestructura que no da abasto.

Lo que sí llama la atención es lo que ocurre en los primeros lugares del informe. Que Australia y Canadá reúnan a seis de las siete ciudades con mejores condiciones de vida resulta impactante. EIU da algunas pistas para entender qué tienen en común: las seis son localidades de tamaño intermedio, ubicadas en países ricos que tienen pocos habitantes para la cantidad de territorio disponible. La densidad de población media a nivel mundial es de 57 personas por kilómetro cuadrado, pero en Australia cae a apenas 2,9, y en Canadá, a 3,7. La combinación de muchos recursos para distribuir entre pocos habitantes es una ventaja fundamental, con la que no cuentan muchos países. Pero eso solo no alcanza para comprender el éxito de estas dos naciones.

Australia: lo mejor de Europa y Estados Unidos, pero sin lo malo
"Las ciudades australianas son seguras, limpias, y tienen buenos sistemas educativos y de salud, que es lo que busca el índice de habitabilidad de EIU. No están superpobladas, pero las áreas centrales donde vive la mayoría de las personas de negocios extranjeras (el mercado al que apunta EIU) tienen la densidad suficiente para tener sistemas de transporte e infraestructura de comunicación razonables. Esas zonas también tienen buenas instalaciones culturales y recreacionales. De esta manera, combinan las mejores facetas de las ciudades estadounidenses, pero sin el crimen, con lo mejor de las europeas, aunque sin el exceso de población", explicó Seamus O'Hanlon, profesor de la Escuela de Estudios Filosóficos, Históricos e Internacionales de la Universidad Monash, consultado por Infobae.

Melbourne y Sídney, que ocupa el puesto 11 del ranking, suman otra característica adicional que es también muy interesante: el multiculturalismo. Gracias a una óptima integración de los inmigrantes con las comunidades locales, la vida social y cultural se ve notablemente enriquecida.

"Históricamente —continuó O'Hanlon—, al tener acceso a tanta tierra y a buena infraestructura, pudieron ofrecer el acceso a la propiedad a todas las clases sociales y, más importante aún, a los inmigrantes. Esto también fue posible gracias a un sistema impositivo razonablemente bien distribuido entre las metrópolis y entre los distintos sectores de la sociedad. Las ciudades australianas albergaron siempre a diferentes clases, pero sin las divisiones sociales, económicas y raciales que se ven en Estados Unidos".

Ninguno de estos beneficios sería posible sin una economía que funcione, capaz de garantizar un desarrollo sustentable en el tiempo y en relación al medioambiente. Éste es uno de los rasgos que distingue a Australia como país.

"A la limpieza del aire, los vastos recursos naturales y los espacios abiertos, hay que sumar la ya famosa estabilidad económica de Australia, que acaba de ingresar en su 26º año consecutivo de crecimiento del PIB, un récord entre los países desarrollados. El Gobierno logró mantener la prosperidad en nuestras ciudades capitales incluso después de la crisis financiera global y del declive de los recursos naturales, diversificándose en una economía basada en los servicios, con foco en educación, turismo, tecnología, innovación y consultoría", dijo a Infobae James Rosenwax, director ejecutivo del departamento de Ciudades en AECOM, firma especializada en planeamiento y desarrollo urbano.

Tampoco se puede desconocer la influencia de factores idiosincrásicos. Australia, al igual que otros países con orígenes culturales comunes, se formó con un ethos marcado por ideales como la superación personal y la meritocracia. Así se explica que la mentalidad dominante apunte siempre a mejorar y a progresar, antes que a vivir de lo conseguido en el pasado.

"A lo largo de los últimos 150 años, las principales ciudades, Sídney, Melbourne, Brisbane, Perth y Adelaida, han competido entre sí para atraer inversiones y trabajadores calificados. Todas invierten en infraestructura para no quedar rezagadas, y esa competencia les permitió aprender de los aciertos y de los errores de las otras. Durante la última década, desarrollaron economías fuertes que generan muchas oportunidades de trabajo para residentes y para nuevos migrantes. Son lugares interesantes y excitantes para vivir", resumió en diálogo con Infobae el economista Terry Rawnsley, socio de SGS Economics and Planning, empresa líder en políticas de planeamiento y desarrollo sustentable.

Canadá: un buen balance entre el viejo y el nuevo mundo

"Nuestras ciudades están a mitad de camino entre las estadounidenses y las europeas", contó a Infobae Ray Tomalty, profesor de la Escuela de Planeamiento Urbano de la Universidad McGill y miembro de la consultora Smart Cities Research Services. El diagnóstico es coincidente con el que describía O'Hanlon para el caso australiano, lo que evidencia las similitudes entre estos dos países.

"La densidad está por encima de las estadounidenses, pero por debajo de las europeas; el servicio de transporte es mejor que en las primeras, pero no tanto como en las otras; tenemos menos autos que en las estadounidenses, pero no tan pocos como en las europeas; y tenemos menor dispersión urbana que en un caso, pero mayor que en el otro. Entonces, lo que hay es un buen balance entre el viejo y el nuevo mundo. Se podría decir que lo mejor de cada uno. Además tenemos un buen grado de libertad personal para elegir cómo queremos vivir, pero nos va bastante bien en términos de igualdad y de movilidad social", agregó.

La proliferación de distintos mecanismos de contención social y de promoción de la equidad en el acceso a bienes y servicios esenciales es una de las características principales de la sociedad canadiense. Eso se ve en sus urbes.

"Canadá ha tenido históricamente un compromiso con la protección de los ambientes urbanos, y con la inversión en servicios sociales, como el acceso a la vivienda, a la salud, a la educación, junto con procesos democráticos que le permiten a los ciudadanos ser parte de innovaciones claves en la vida urbana. El desafío es mantener o mejorar estos compromisos", afirmó David Roberts, profesor del Programa de Estudios Urbanos de la Universidad de Toronto, consultado por Infobae.

El secreto es mantener un equilibrio difícil pero necesario entre la competitividad económica y el bienestar social. Eso se logra garantizando el funcionamiento del mercado, indispensable para generar riqueza, y creando al mismo tiempo mecanismos que permitan apoyar a quienes tienen mayores dificultades para competir.

"Esto se puede lograr de muchas maneras —dijo Tomalty—, como transferencias federales de las provincias pobres a las ricas, de los municipios ricos a los pobres, y de los barrios ricos a los pobres, con impuestos a la vivienda que estén basados en el valor de la propiedad, pero con la garantía de que los servicios sean provistos equitativamente. Como resultado de esa redistribución, si bien hay pobreza en Canadá, está bastante limitada. Incluso los más empobrecidos pueden gozar de un estándar de vida tolerable, con educación y salud gratuita y de buena calidad, subsidios sociales y pensiones públicas".

La gran excepción son los indigentes, las personas sin hogar que se ven en todas las grandes ciudades del mundo, incluidas las canadienses y las australianas. Pero mientras en muchas grandes metrópolis se cuentan de a miles, estos países lograron reducir al mínimo la cantidad de personas que viven en esa condición.

La otra coincidencia fundamental con Australia es el policlasismo y el multiculturalismo. "Nosotros no segregamos a nuestras poblaciones urbanas de acuerdo a su origen étnico como ocurre en otros países desarrollados, como Estados Unidos y Reino Unido. Las minorías tienden a estar mucho más dispersas, y las que están concentradas, como los chinos en el Gran Vancouver, suelen tener ingresos superiores a la media. Otro tema es nuestra elevada tasa de inmigración, que es canalizada a los centros urbanos, lo que permite mantener su vitalidad. Es un contraste con lo que se ve en muchas ciudades estadounidenses, donde las personas que pudieron se mudaron a los suburbios, y los centros colapsaron por el aumento del crimen y se volvieron inhabitables para muchos grupos sociales", sostuvo Tomalty.

Lejos del paraíso
Más allá de lo buenas que son las condiciones generales de vida que ofrecen, las principales metrópolis australianas y canadienses no están a salvo de muchos de los problemas que son inherentes a la vida en sociedades complejas y multitudinarias.

Una epidemia de la que no hay forma de salvarse es el aumento del tráfico por el exceso de vehículos en las calles. "Las ciudades australianas están creciendo a tasas nunca antes vistas —dijo Rosenwax—. Eso vino de la mano de una presión adicional sobre la infraestructura de transporte y de salud. Se está haciendo más difícil encontrar los recursos humanos y el capital para estar a la altura de esa demanda de servicios esenciales. Los gobiernos están invirtiendo en tecnologías que permiten el transporte a demanda para optimizar la infraestructura existente. Otro problema es la conexión a internet, que es más lenta que la de al menos 50 países, incluyendo Tailandia, Estonia, Bulgaria y Kenya".

Tomalty se refirió también al problema creciente de la congestión vehicular en Canadá, y agregó otros. "A pesar de que aún no es tan grave como en Estados Unidos, la dispersión urbana empieza a ser un inconveniente mayor, porque devora tierras para el cultivo, hace los viajes más largo, contribuye al calentamiento global y así erosiona la calidad de vida. También hay que mencionar los riesgos asociados a los excesos en el consumo de energía y en la producción de basura".

No obstante, ninguno de esos inconvenientes está en el tope de las preocupaciones de los expertos en planeamiento. Todos, australianos y canadienses, coinciden en que el mayor peligro es el aumento sostenido de la desigualdad, que pone en riesgo muchos de los avances de estos países en términos de estabilidad y bienestar social.

"En los últimos años hemos empezado a buscar en el mercado las soluciones a los problemas, especialmente en la provisión de infraestructura —dijo O'Hanlon—. En algún punto tiene sentido, porque muchos de los viejos proveedores estatales eran demasiado burocráticos. Pero eso implica que la provisión de servicios se vuelva más fragmentada en sentido geográfico. Lo vemos en los centros urbanos, a donde van los turistas y los extranjeros, que reciben cada vez mejores servicios, frente a otras áreas a las que se tienen que mudar los pobres, que languidecen. Me parece que menos énfasis en las soluciones de mercado, y un poco más en la redistribución, haría la vida mejor para todos".

En el caso canadiense, Roberts lo sintetizó de una manera muy clara: "Nuestras ciudades ofrecen un elevado estándar de vida, pero no todos pueden acceder a ese estándar". El ensanchamiento de la brecha entre los que más y menos ganan —algo que se repite en todo el planeta desde hace varias décadas—, y el aumento del precio de la vivienda, son algunos de los fenómenos que están detrás del avance de la desigualdad.

"Las ciudades se están volviendo cada vez más segregadas y divididas. Las zonas de ingresos medios están en declive, en favor de zonas de ingresos bajos y altos. Un problema derivado de la globalización es el ingreso de grandes cantidades de capital en busca de un clima de inversión estable, que provocó un alza en los precios de la tierra y de la propiedad. En Vancouver, y especialmente en Toronto, estamos sufriendo una importante crisis, en la que personas de ingresos medios no pueden comprar una casa ni pagar un alquiler en una buena ubicación, mientras que muchas unidades permanecen vacías, en manos de especuladores", concluyó Tomalty.

Infobae
Foto: IStock

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Formentera, la isla para millonarios que se volvió exclusiva por accidente

Formentera se volvió una isla exclusiva sin proponérselo (iStock)

Formentera se volvió una isla exclusiva sin proponérselo (iStock)

A orillas del mar Mediterráneo, una de las cuatro comunidades de las Islas Baleares supo hacerse un lugar de privilegio. No se lo propuso. Nunca buscó la exclusividad, sino más bien, pasar inadvertida, no llamar la atención y privilegiar la calma. Sin embargo, sus aguas cristalinas, sus playas paradisíacas y su renovada gastronomía lo convirtieron en un territorio ideal para millonarios.

Después de unas vacaciones alocadas, plagadas de excesos en Ibiza, es habitual que Formentera sea la siguiente elección de los viajeros más pudientes para relajarse y dar paso a la tranquilidad. El único modo de acceder a los poco menos de 85 kilómetros cuadrados es en ferry desde Ibiza.

A la isla se accede en ferry desde Ibiza (iStock)

A la isla se accede en ferry desde Ibiza (iStock)

La pequeña y silenciosa isla esconde una belleza natural única. Como es de esperar, sus playas son su mayor atractivo. Entre ellas, se destaca Cala Saona, de 140×120 metros, considerada la más bella por su entorno: a su arena blanca y agua turquesa la rodea un bosque de pinos.

La Ses Illetes, por su parte, se encuentra en el norte de Formentera y es uno de sus balnearios más reconocidos pese a que hay que pagar una entrada para su acceso. Por último, Els Arenal es una de las más largas (3.000 metros de longitud) y se halla cerca del municipio de El Caló de Sant Agustí. Todas ellas presentan las condiciones ideales: clima apacible, arena blanca y mar tranquilo y cristalino.

Más allá de sus playas, Formentera que, por el precio de sus estadías restringió poco a poco el target de su público, tiene distintos sitios emblemáticos para recorrer. Por caso, el Faro de la Mola, el punto más alto de la isla y con una larga historia detrás. Desde 1861, el faro ilumina cada noche la punta oriental de la isla.

Situado entre las islas de Ibiza y Formentera, el Parque Natural de Las Salinas es su sitio natural por excelencia. Allí conviven las más variadas especies en un espacio protegido. Rodeada por paisajes verdes preservados al detalle, emerge la playa de Ses Illetes.

Su gastronomía también es variada. Hace poco, para reforzar su nuevo status de exclusivo, Quispe, un restaurante peruano de lujo, abrió sus puertas arriba de la estación marítima de La Sabina, lo cual le asegura una puesto de sol única. La Sabina, de hecho, se convirtió en uno de los sitios predilectos por los turistas de la isla. Allí también abrió Can Carlitos, la última apuesta del prestigioso chef Nandu Jubany. El restó presenta una carta española reinventada, con sus clásicas tapas con un leve aunque notorio agregado. Ideal para su nuevo público.

Infobae
Foto: iStock

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